Mientras el peronismo bonaerense empieza a ordenar nombres para suceder a Axel Kicillof en 2027, una figura reúne experiencia municipal, legislativa, territorial y provincial, pero todavía no aparece en el centro de la discusión: Verónica Magario. Dos veces vicegobernadora y exintendenta de La Matanza, su eventual ingreso sumaría un nombre de peso a una carrera que ya comenzó, aunque nadie parezca dispuesto todavía a mostrar todas sus cartas.

La carrera por la Gobernación de la provincia de Buenos Aires comenzó mucho antes de que el calendario electoral marque formalmente el inicio de la campaña.

Axel Kicillof atraviesa su segundo mandato consecutivo y no puede aspirar a una nueva reelección inmediata. Esa limitación abrió dentro del peronismo una discusión inevitable: quién será capaz de sucederlo en 2027 y sostener para el espacio político el principal distrito electoral del país.

Gabriel Katopodis, Julio Alak y Jorge Ferraresi aparecen vinculados al Movimiento Derecho al Futuro; Mayra Mendoza se posiciona desde La Cámpora; también se mencionan Leonardo Nardini, Federico Achával, Mariel Fernández, Victoria Tolosa Paz y dirigentes provenientes de otros sectores del amplio entramado justicialista bonaerense.

Pero hay un nombre que, por el lugar institucional que ocupa y por su trayectoria, resulta difícil ignorar: Verónica Magario.

Y, paradójicamente, todavía no ocupa el centro de esa conversación.

Una ausencia que empieza a resultar llamativa

La contradicción quedó expuesta incluso de manera casi gráfica.

Una reciente nota de La Nación dedicada precisamente a la carrera por suceder a Kicillof fue ilustrada con una imagen del gobernador junto a Magario. Sin embargo, al desplegar el mapa de los posibles aspirantes del peronismo bonaerense, la vicegobernadora no apareció entre los principales nombres mencionados.

La escena resulta, al menos, curiosa. Magario lleva casi siete años ocupando el segundo cargo institucional más importante de la Provincia. No observa la gestión bonaerense desde una intendencia lejana, desde una banca legislativa ni desde una estructura partidaria: forma parte de la conducción institucional del Ejecutivo provincial desde diciembre de 2019.

Entonces, la pregunta aparece casi naturalmente: ¿por qué su nombre todavía no ocupa un lugar más visible en la sucesión?

Un recorrido que la coloca inevitablemente en el tablero

Si la discusión se midiera únicamente en términos de antecedentes políticos, Magario tiene elementos suficientes para formar parte de cualquier análisis sobre 2027. Fue presidenta del Concejo Deliberante de La Matanza, diputada nacional entre 2013 y 2015, intendenta de ese distrito entre 2015 y 2019 y vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires desde diciembre de 2019. Cuatro años después volvió a integrar junto a Kicillof la fórmula que consiguió la reelección provincial.

Hay además un elemento territorial imposible de soslayar: Magario gobernó La Matanza, el municipio con mayor cantidad de electores de la provincia de Buenos Aires, un distrito que históricamente ocupa un lugar central dentro de la construcción electoral del peronismo.

Su trayectoria combina, por lo tanto, experiencia municipal, paso por el Congreso, conducción territorial, conocimiento de la estructura partidaria y gestión provincial. No es precisamente una dirigente que necesite construir desde cero una identidad política.

Y quizás allí radique una de las preguntas más interesantes de esta etapa: mientras otros dirigentes necesitan instalar sus nombres para disputar 2027, Magario ya ocupa uno de los lugares desde los cuales tradicionalmente se construye una sucesión. Sin embargo, permanece en segundo plano.

Habla de 2027, pero todavía no habla de una candidatura propia

La vicegobernadora tampoco está alejada de la discusión sobre el futuro electoral. En agosto, durante una actividad política realizada en La Plata, Magario colocó explícitamente el horizonte de 2027 dentro de su discurso, planteó la necesidad de construir una alternativa política y reforzó el espacio que impulsa Kicillof.

Es decir: habla del escenario que viene. Habla de la reorganización del peronismo. Habla de 2027. Pero todavía no habla públicamente de ella como candidata a gobernadora.

Y esa diferencia resulta relevante porque mientras algunos dirigentes recorren la Provincia, otros dejan trascender aspiraciones y los distintos sectores comienzan a mostrar sus posibles postulantes, Magario parece transitar otro camino: participa de la construcción política del próximo turno electoral sin instalar —al menos hasta ahora— una candidatura propia.

En marzo, TN ya había señalado su nombre entre las figuras que eventualmente podían incorporarse a la competencia bonaerense, aunque también planteaba otros posibles destinos dentro del armado político del oficialismo provincial.

Desde entonces, no hubo lanzamiento. Tampoco una negativa terminante.

Una sucesión sin heredero natural

La discusión adquiere todavía mayor importancia porque el peronismo bonaerense no parece tener, por ahora, un candidato o candidata capaz de ordenar anticipadamente a todos sus sectores.

El Movimiento Derecho al Futuro tiene distintos nombres. La Cámpora construye los propios. Los intendentes pretenden hacer valer territorio y gestión. El massismo conserva capacidad de negociación y otras expresiones del justicialismo también buscan intervenir.

La sucesión está abierta.

Y cuando una carrera está abierta, las ausencias también se vuelven información política.

Magario podría decidir competir. Podría integrarse a otro proyecto electoral. Podría acompañar una eventual construcción nacional de Kicillof. O podría simplemente no participar de la disputa por la Gobernación.

Hasta el momento no existen elementos públicos suficientes para afirmar cuál será su decisión. Pero excluir su nombre de cualquier análisis sobre el futuro bonaerense parece, como mínimo, prematuro.

Las mujeres en el peronismo bonaerense

Una eventual candidatura de Magario agregaría, además, otra dimensión a la discusión: la participación de las mujeres en la conducción política de la Provincia.

Buenos Aires eligió recién en 2015 a su primera gobernadora mujer, María Eugenia Vidal. Dentro del peronismo bonaerense, mujeres como Graciela Giannettasio —vicegobernadora entre 2003 y 2007— y la propia Magario llegaron al segundo cargo ejecutivo provincial, pero ninguna mujer de ese espacio gobernó hasta ahora la Provincia.

No sería correcto afirmar que Magario sería la primera dirigente peronista en aspirar a ese lugar. Victoria Tolosa Paz, por ejemplo, anunció en 2023 su intención de competir por la Gobernación dentro del entonces Frente de Todos, aunque aquella interna finalmente no se concretó.

Además, para 2027 ya aparecen dentro del propio peronismo otros nombres femeninos, entre ellos Mayra Mendoza y Mariel Fernández.

Pero sí existe un dato que continúa intacto: el peronismo bonaerense nunca tuvo una mujer gobernadora.

Si alguna dirigente de ese espacio llegara al sillón de Dardo Rocha en 2027, se produciría un hecho inédito en su historia.

Y en el caso de Magario, esa posibilidad se combinaría con otra particularidad: no llegaría desde afuera del Ejecutivo sino después de haber acompañado durante ocho años consecutivos la administración provincial.

¿Esperar también puede ser una estrategia?

La política no siempre premia a quien se lanza primero.

Algunas candidaturas comienzan con una recorrida. Otras con una fotografía. Algunas necesitan instalar un apellido durante meses.

La anticipación permite ganar visibilidad, pero también expone a un desgaste prolongado.

Magario, en cambio, ocupa una posición singular: no necesita demostrar que conoce la Provincia, no necesita construir experiencia ejecutiva y tampoco necesita explicar cómo funciona el gobierno que pretende eventualmente suceder.

Eso no significa que vaya a competir. Significa que, si decidiera hacerlo, partiría desde un lugar institucional diferente al de buena parte de quienes hoy aparecen anotados en la carrera.

Por eso, quizás la pregunta sobre Magario sea menos sencilla de lo que parece. No se trata únicamente de saber si quiere ser gobernadora. Se trata también de observar cuándo —y si— decide convertir el capital político acumulado durante estos años en una candidatura propia.

La carrera bonaerense de 2027 recién comienza. Sobran nombres, abundan las aspiraciones y todavía falta mucho para que el peronismo defina cómo resolverá su sucesión.

En ese escenario, Verónica Magario permanece en una posición particular: está dentro de la construcción, está en el corazón institucional del gobierno provincial, tiene territorio y trayectoria, pero todavía no ocupa el centro de la fotografía sucesoria.

Quizás no quiera hacerlo.

Quizás todavía no sea el momento.

O quizás el tablero político bonaerense aún no mostró todas sus piezas.

La pregunta, entonces, queda abierta: ¿Verónica Magario está realmente afuera de la carrera por la Gobernación o todavía no decidió entrar en escena?

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