El cantautor falleció a los 81 años en Buenos Aires. Sus restos serán velados este jueves y el viernes recibirán sepultura en el Cementerio de la Recoleta. Más allá de sus canciones inolvidables, deja una historia de compromiso social, solidaridad y defensa de la dignidad humana.
La música popular latinoamericana despide a una de sus voces más sensibles y comprometidas. Piero Antonio Franco De Benedictis, conocido por generaciones simplemente como Piero, falleció el miércoles 7 de octubre, a los 81 años, en la Ciudad de Buenos Aires, donde permanecía internado en el Hospital Italiano.
La noticia fue comunicada por su entorno familiar a través de las redes sociales, con un mensaje que recordó no solamente su obra musical, sino también su permanente mensaje de paz y su cercanía con la gente.
Dónde y cuándo será la despedida
Los restos del artista serán velados este jueves 8 de octubre, de 12:30 a 20:00, en la Sala Velatoria Lázaro Costa, ubicada en O’Higgins 2842, barrio de Belgrano, Ciudad de Buenos Aires.
El viernes 9, a las 11:00, partirá el cortejo fúnebre con destino al Cementerio de la Recoleta, donde está previsto su ingreso a las 11:30.
Será la oportunidad para que familiares, amigos, colegas y admiradores puedan acompañar su despedida y rendir homenaje a una figura cuya obra trascendió generaciones y fronteras.
Una voz que supo mirar más allá de sí misma
Piero nació el 19 de abril de 1945 en Galípoli, Italia, y llegó a la Argentina cuando apenas tenía tres años. En este país creció, construyó su identidad artística y desarrolló buena parte de una trayectoria que lo convertiría en una referencia de la canción popular latinoamericana.
Su carrera comenzó durante la década de 1960. Sin embargo, fue su encuentro con el poeta y letrista José Tcherkaski, en 1968, el que dio lugar a una de las asociaciones creativas más significativas de su vida.
De esa unión nació Mi viejo, publicada en 1969, una canción que terminó convirtiéndose en parte de la memoria afectiva de millones de personas. Su capacidad para retratar el paso del tiempo, los vínculos familiares y la ternura cotidiana la transformó en un clásico que sigue emocionando después de más de medio siglo.
Pero Piero nunca se limitó a cantar sobre el amor en su dimensión íntima. También encontró en la música una forma de observar críticamente la sociedad y expresar las preocupaciones de su tiempo.
La música como conciencia social
Canciones como Para el pueblo lo que es del pueblo, Pedro Nadie, Coplas de mi país y Juan Boliche expresaron su mirada sobre las desigualdades, las injusticias y las dificultades que atraviesan las personas comunes.
Su repertorio dio lugar a historias de trabajadores, sectores postergados y hombres y mujeres cuyas vidas rara vez encontraban representación en los grandes escenarios.
En tiempos de creciente conflictividad política y social, sus composiciones se vincularon con las corrientes de la canción comprometida latinoamericana. Durante la última dictadura argentina, Piero debió continuar parte de su vida fuera del país y residió en España y Colombia.
Su obra, sin embargo, nunca perdió ese hilo conductor que unía la sensibilidad personal con las preocupaciones colectivas.
Piero podía cantar sobre un padre que envejecía y, al mismo tiempo, sobre un pueblo que reclamaba justicia. En ambos registros aparecía una misma convicción artística: detrás de los grandes acontecimientos siempre existen personas, historias y emociones que merecen ser escuchadas.
El compromiso que continuó fuera de los escenarios
Su sensibilidad social no quedó restringida a las letras de sus canciones.
A lo largo de su vida impulsó distintas iniciativas solidarias, entre ellas la Fundación Buenas Ondas, vinculada al desarrollo de proyectos destinados a la infancia.
Ese trabajo reflejó una dimensión menos visible, aunque fundamental, de su trayectoria: la decisión de involucrarse personalmente en experiencias orientadas a generar oportunidades y acompañar a quienes enfrentaban situaciones de vulnerabilidad.
También mantuvo una relación especialmente estrecha con Colombia, país del que obtuvo la nacionalidad y donde participó en iniciativas vinculadas a la convivencia y la construcción de la paz.
Su recorrido permite reconocer a un artista que entendió que el compromiso podía expresarse tanto desde un escenario como mediante acciones concretas en la comunidad.
Una trayectoria reconocida en toda América Latina
Con más de seis décadas de actividad artística y más de 25 discos grabados, Piero llevó sus canciones a escenarios de numerosos países.
Entre los reconocimientos recibidos se encuentran el Diploma al Mérito de los Premios Konex, en 1985, y el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, en 2016.
Sin embargo, quizás el reconocimiento más duradero sea el lugar que sus canciones consiguieron en la vida cotidiana de tantas personas.
Porque Mi viejo continúa apareciendo en los encuentros familiares, en los recuerdos y en las despedidas. Y porque sus canciones sociales siguen ofreciendo una manera de pensar las desigualdades, las libertades y la dignidad humana.
Lo que permanece de una voz que no se apaga
Hay artistas que dejan discos, conciertos y reconocimientos. Otros, además, dejan una forma de mirar el mundo.
Piero pertenece a esa tradición de músicos que encontraron en el arte una oportunidad para acercarse a los demás, hablar de lo que duele, reconocer lo que importa y sostener la esperanza incluso en los momentos más difíciles.
Su partida provoca tristeza, pero también invita a recuperar una obra que nunca separó del todo la emoción individual de la realidad colectiva.
Porque, en definitiva, sus canciones hablaron de aquello que nos hace profundamente humanos: el amor, el paso del tiempo, la injusticia, la memoria, la necesidad de paz y la posibilidad de construir una sociedad más solidaria.
Piero ya no está, pero su música seguirá encontrando nuevas voces para decir aquello que él nunca dejó de cantar.
